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<title>el rincón de las desdichas</title>
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<tagline>humor en la desdicha</tagline>
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<copyright>Copyright 2005</copyright>
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	<author>
		<name>Peka</name>
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	<title>un pelo de tonta</title>
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	<content type="text/html" mode="escaped" xml:base="http://elrincondelasdesdichas.bitacoras.com/archivos/2005/12/26/un-pelo-de-tonta"><![CDATA[No se si alguna de ustedes ha tenido el sinsabor de descubrir que sus tupidas melenas van raleando tan inexorablemente como el puritito paso del tiempo. Quizá una cosa lleve a la otra (la edad a perder/estropear/escasear el pelo) pero, como que una no se resigna a ninguno de sendos avatares (ni a cumplir años, ni a quedarse calva), ha de ir poniendo parches allá donde detecta que hace aguas. <br />
<br />
En esas vicisitudes me encuentro. Y no es que mi mata cabelluda haya sido de las de “elvives” (yo nunca lo “he valido”) , pero no he tenido queja con el reparto capilar por allende mi dermis. Así que me he dispuesto a poner el parche donde se evidencia el encharcamiento. <br />
<br />
Vienen entonces a mi memoria todos esos productos milagrosos que en los tiempos han sido para el fortalecimiento de la masa capilar. Desde la Coca-Cola (que en sus primeros días lo mismo servia para una mala fiebre que para frenar la caída del cabello, digo yo porque debía montarse tal pastiche pegajoso que no se podía caer ni una peineta que te pegases), hasta los últimos avances pseudocientíficos del mercado, aminexiles y demás componentes impronunciables. <br />
<br />
Mi conocimiento de la materia queda claro que es escasa, que pasando del geniol huevo de a litro nunca traté el pelo con cosa más sofisticada. Dado pues que tenia que asesorarme, vine a dar con un instituto capilar, de esos de relumbrón con multitud de sucursales y gratuidad de primeras consultas. <br />
<br />
¿Qué quieren que les cuente?, todo son facilidades. Desde la muy recalcada primera visita gratuita, hasta la obtención de cita inmediata. <br />
<br />
Llego al chiringuito, uno de los mil que tienen montado por todo lo alto. Y me recibe una manceba, que amablemente toma mis datos. Que no digo que no esté sugestionada, pero la susodicha señorita está infinitamente más escasa de pelo que menda. Y no seré yo quien diga que la pobre no tenga derecho de trabajar en ese puesto, pero como propaganda qué les voy a decir, se le abren a una las carnes, ¡vamos! como si me ponen a mí de recepcionista de una clínica de adelgazamiento, que me tendrían que colgar un cartel diciendo una cosa así como “nota: trabajo aquí para pagarme el tratamiento” o “nota: trabajo aquí porque me da gana, me dejan y NO ESTOY HACIENDO NINGÚN TRATAMIENTO”. <br />
<br />
Pues eso, que la recepción no la tienen muy conseguida, pero una no se va a echar atrás en ese momento. Y bien, el tema se demora lo justo para que vea lo que mola y lo bien surtida que está la sala de espera, desde el periódico del día hasta la trabajada cartelería del antes y después de sus avanzados tratamientos (una foto de un tipo en plan Matamoros y otro como el Sevilla de los Mojinos Escozíos)... sin comentarios. <br />
<br />
Antes de poder procesar toda la información que me sugiere lo ya visto, una amable embatada que da la mano fofa me hace pasar a su impersonal consulta. Con el fin de abrirme una ficha, comienzan las preguntas que las encuadraré en 3 tipos (no excluyentes). <br />
<br />
a) Cretinas<br />
b) Innecesarias <br />
c) Indiscretas <br />
<br />
Hay una cuestión, que cumpliendo las tres categorías anteriores, no sabría qué calificación darle y es una de las primeras del interrogatorio ...”¿casada?”. Y yo me pregunto, ¿se les caerá más el pelo a las casadas?, o con esto me está preguntando si mi marido me va a pagar el tratamiento. Decido no hacerme más cábalas y puesto que mi estado incivil no creo que sea de la incumbencia de historia clínica alguna, resuelvo informar únicamente que soy el/la cabeza de mi familia, escasa de pelo, pero no dependo de nadie para que me dé su beneplácito en cuanto a mi modo de despilfarrar el dinero. Aclarado el tema. La embatada firmes. <br />
<br />
Pasamos a otra esquina del chiringuito, me siento, aplica una lupa de cienes de aumentos en mi tonsurada coronilla... ¿te tiñes? (¡¡sonamos!!, esta pava o no ve o no entiende un pijo de esto) – en mi pajolera vida, señorita, una es escasa pero natural. Me hace una serie de asperges-merjes dando todo tipo de científicas explicaciones (me cepilla a dos manos, me echa una loción mágica, me masajea y me raspa la piel con un molesto palito), toda una CSI, que a saber dónde han ido a parar mi epiteliales... <br />
<br />
Después de la sesión mágica, vuelta a sentarme frente a su mesa. En la pared que queda a mi vista, un par de educativos cartelitos. Uno mostrando la inexorable evolución de un menesteroso pelo: desde el fornido y atlético representante elseve, hasta el mísero y moribundo geniol huevo, entrambos hay 4 figuras de la ruinosa decadencia en la que creo encontrarme. La lámina aneja muestra la fisiología de un pelo del montón, con sus raicillas y glándulas sebáceas y cómo un incipiente pelillo iba asomando a medida que se perdía el precedente. Y todo esto que yo vi a vuela pluma y les explico en pocas líneas, mereció por parte de la embatada, una clase magistral de 20 minutos, puntero incluido, que prefiero no reproducir por no aburrirles. <br />
<br />
Al grano, voy a necesitar 30 sesiones, fíjense qué redonda cantidad. La risa me ha dado al final, y miren que hasta ese instante había tenido suficientes motivos que he conseguido sobrellevar casi dignamente. 30 sesiones, casi a sesión por pelo, tres gratuitas (vuelven a insistirme como si fuera una bicoca que no te clavan de sobra con el resto) en las que intuyo seguirán rascándome con el palito e intentarán endosarme algún producto milagro; las restantes me salen por 1300€ de vellón que evitaré que me esquilmen (esquilen en este caso). <br />
<br />
En resumen, ahora puedo decir que sé e-x-a-c-t-a-m-e-n-t-e cuál es la etimología de la frase “me han visto ustedes el pelo”<br />
<br />
Pekalva<br />
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	<author>
		<name>Peka</name>
	</author>
	<title>gastar maravillosos días entre dos</title>
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	<content type="text/html" mode="escaped" xml:base="http://elrincondelasdesdichas.bitacoras.com/archivos/2005/11/26/gastar-maravillosos-dias-entre-dos2"><![CDATA[Que se rebaja el IVA de los pañales, ya era hora. Y no solo los de los niños, también el de los adultos.  Para usar de los unos se me ha pasado ya el arroz y para los otros, quiera el cielo que me falten par de hervores más. No, definitivamente no lo notaré en mi economía, aún así reconozco las ventajas de no gastar de eso. <br />
<br />
Hablando de despilfarros higiénico-sanitarios, asumo mis ventajas. En mi casa, gasto cero en aftersafes, devoroloresdepieses y los ya consabidos pañales ni están ni se les esperan; añadimos a eso el no menos importante ahorro en condones y otros cualesquiera adminículos non santos de oposición al non nato. La carencia de hombres pululando por el lugar, a más de ahorrar la perenne gotita en la taza,  añade algunas otras ventajas no menos despreciables.<br />
<br />
Pero (“peros” siempre hay), qué contarles de los llamados "esos días".<br />
<br />
Una se levanta de la cama el primer día de "esos", y digo se levanta por no ser más cruda  con un gráfico "se tira"... Canturreas el guachubadubá publicitario por si consigues sentirte feliz de ser mujer, y de paso agregas acompañamiento musical al insoportable dolor de riñones, signo inequívoco de lo que llevas barruntándote con otro tipo de molestias hormonales desde hace días.<br />
<br />
Te arrastras hasta el cuarto de baño. En un esfuerzo casi titánico, haces por agacharte y poner tu cerviz a la altura del armarito que hay bajo el lavabo...buscas...no puede ser..yo dejé dos paquetes la última vez....tienequestarporaquiii. Y no. Ni una triste compresa que llevarse a... Mis riñones...No pasa nada, ¿tampones?... tam... tampoco... guachubadubá, no hay de nada.<br />
<br />
Juramentos de venganza, las hormonas de punta, portazo con patada al mueblecito del lavabo (pobre)...pánico. Ahora solo queda pensar mientras le quede vida al salvaslip que tenias traspapelado de vaya-usted-a-saber-cuándo en un rinconcito del bolso, todo arrugado.<br />
<br />
Primer pensamiento absurdo-absurdo:<br />
Con un hombre nunca te habría pasado...seguirías teniendo los dos paquetes de compresas y uno de tampones.<br />
<br />
Segundo pensamiento absurdo-vengativo:<br />
La próxima vez se va a encontrar con el tapón del rioja para ponérselo ella.<br />
<br />
<center><img src="http://www.pekados.net/bitacora/tapon.jpg" title="soluciones"/></center><br />
<br />
Tercer pensamiento absurdo-macgiver:<br />
... ¿y un revoltijillo de papel higiénico?<br />
<br />
Última conclusión absurdo-fatalista ... Voy a comprarme unos pañales, además de subvencionármelos, lo mismo le da repeluco y ni me los toca el próximo mes.<br />
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	<author>
		<name>Peka</name>
	</author>
	<title>comprarse una sueca</title>
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	<content type="text/html" mode="escaped" xml:base="http://elrincondelasdesdichas.bitacoras.com/archivos/2005/10/26/comprarse-una-sueca"><![CDATA[Soy mala compradora, lo reconozco. Compro por puro impulso, no sé para qué quiero la monigonia, el chismiflín o el catatico, pero se me antoja irremediablemente en cuanto lo veo. No, en el diccionario de la RAE no existe palabra que defina específicamente todos-esos-cachivaches-del-maravilloso-reino-de-lo-inútil.<br />
<br />
En esta ocasión, acompañaba en el trance a una sufridora de casa nueva, que contaba sus euros para el mes con los dedos de una mano y requirió de mis servicios y mi paciencia por “caridá questoy sin coche”.<br />
<br />
En este post, voy a ahorrarme el relato detallado de cómo una vez te introduces en la boca del Gargatúa sueco, no saldrás por su salvasealaparte sin llevar adherido algún resto. No hay huída posible: el velo del paladar, esófago, el tracto digestivo ... y aguantes o no, pasarás por el esfínter de caja, en el que te envolverán de marrón lo que se te haya quedado pegado.<br />
<br />
Lo dicho, no salía a comprar, lo juro, pero eso que nunca requerí y que jamás pensé que existiera, sin saber cómo,  pasó del expositor a una bolsa de papel, haciendo escala en mi maltrecha tarjeta de crédito. Después, quizá solo le espere el olvido.<br />
<br />
¿Para qué puedo necesitar una Wicke, un Skrud o una Schlager?. Además de ser castellanamente impronunciables, no sabía de su existencia 15 minutos antes, mientras estoicamente aparcaba a kilómetro y medio de mi punto de destino. <br />
<br />
La vida da muchas vueltas. Conjeturemos ahora que entre la fecha de la compra y el día que llega la puntual e inevitable información bancaria, la vida a su vez, me da el vuelco final. Imagino a mis deudos especulando sobre qué clase de inmoralidad les evitaba a sus inocentes ojos, qué clase de perversas obscenidades adquiría en mis ratos ociosos... ¿pero qué demonios es un skrud?.<br />
<br />
Que puede parecer que no, pero sin ánimo de hacer publicidad de otros grandes almacenes, se me queda más tranquilo el cuerpo cuando veo lo que me manda el cortinglé, bajo el epígrafe de “menaje del hogar...artículo: portavela”. Sí, puede ser que lo comprase, y ¿dónde lo metí?. Puedo preguntar a los habitantes de la casa, de mejor manera, si han visto un portavelas huérfano, que si saben dónde pude perder el <a href="http://www.ikea.com/webapp/wcs/stores/servlet/ProductDisplay?storeId=11&langId=-5&catalogId=10101&productId=26091" target="_blank">skrud</a> que me compré el mes pasado.  Es evidente que, cuando cometí el admitido pecado de echarme el artilugio al carro, no le pregunté su nombre propio, pero ¡coñes!, ya que lo pago, podrían facilitarme la traducción en cristiano de lo que en un arrebato de adquisiciofilia transitiva pasó a mi colección de cachivaches inservibles. <br />
<br />
Y mis herederos, en el mejor de los peores casos, me lo estrenarían para el velatorio. <br />
<br />
<br />
<br />
<br />
<br />
]]></content>
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	<author>
		<name>Peka</name>
	</author>
	<title>regímenes</title>
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	<modified>2005-09-26T14:17:24Z</modified>
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	<content type="text/html" mode="escaped" xml:base="http://elrincondelasdesdichas.bitacoras.com/archivos/2005/09/26/regimenes"><![CDATA[Cuando se habla de regímenes, dietas, planes de adelgazamiento y demás formas de tortura física todo el mundo tiende a desmenuzar sus doctas opiniones y luengas experiencias. De entre todas, las más autorizadas sentencias, parecen ser de aquellas a las que el dedo de dios tocó (creo que en los tuétanos del fémur) y tienen la suerte de gozar de piernas huecas... comen y comen y los garbanzos nunca les hace de flotador por carne alguna. Se les rellenan las médulas, porque no pasan jamás de estar en los purititos huesos.<br />
<br />
Con ánimo condescendiente mira allende tus grasas y cual si fuera a pronunciar una de esas inolvidables frases de cine “hijo mío, todo el territorio hasta el horizonte donde se pone el sol, es tuyo” (mío todo él concedo), comienza a desgranar todos sus saberes para que consigas que orto y ocaso no llegue mas allá de tu ombligo.<br />
<br />
La dieta de la lenteja, es la panacea, facilísima de llevar si trabajas fuera de casa, nada de dificultadas. Estupendo, me encantan las legumbres, tres días a lentejas los puedo soportar. <br />
<br />
Durante tres días, recién levantada de la cama, debes comerte una lenteja ; vaya, no es lo que pensaba, pero al menos parece poco complicado. Apuntas,"una lenteja" y esperas a saber de qué más consta la carta... te dice que además si combinas la lenteja con una crema anticelulítica carísima de la que ya te dirá el nombre, que tienes asegurados al menos 5 kilos en esos tres días. Ahí termina. Perpleja hago la pregunta más estúpida que se me viene a las bilis ¿de qué sabor es la crema? porque el menú del día no parece muy variado... , no le encuentra la gracia y quedo castigada sin postre. <br />
<br />
Entre las contertulias, entonces, intentan quitarle hierro al asunto (no, si todavía me dejan la lenteja light). Cada una te cuenta su versión de la dieta de tres días, increscendo. La del guisante, de la alcachofa, la de del melocotón, la del calabacín... (empiezo a perder la atención, espero que la puja llegue por lo menos al melón). Hasta que una de ellas sentencia “hay que comer de t-o-d-o” y la mejor dieta es la del astronauta. ¡Vaya!, esa sí que me parece variada y abundante, tres días a entresijo, criadillas, muslito e higaditos...de astronauta. Furibundas miradas se vuelven hacia mi. ¡Ups! perdonen señoritas, es la hora de comer y no pude resistirme a la carne. <br />
<br />
Terminan intercambiándose entre ellas jugosas recetas macrobióticas de verduras hervidas en agua mineral, frutas liofilizadas, legumbres desecadas y demás productos de la industria del terror naturista.<br />
<br />
Para entonces, enfrascadas en sus tarros de esencias verdes, parlotean sin prestar ya atención a tu mantecoso ser. Inequívocamente, te han dado por perdida para la causa de las sílfides etéreas.<br />
<br />
¿Y que hay de lo de mi ombligo?. Pues parece que el sol te seguirá saliendo por Antequera, que debe quedar hacia tu cartuchera derecha, al mediodía puede que sientas calorcito en el ombligo, y si estás atenta al ocaso, verás los perfiles innegablemente celulíticos de tu trasero.<br />
<br />
Algún día, hija mía,  te relucirán tan bien los huesos como a cualquier anoréxica ...amén<br />
<br />
Apostilla:<br />
<br />
Ninguna de ellas hizo jamás un régimen más allá de los 3 días. Después de pasarse un bulímico verano ganaron 600 gramos. Pero ya no me atreví a proponerles la dieta del moco (esos gramos me los quito yo con sonarme los mocos).<br />
<br />
Para muestra... <a href="http://www.pekados.net/bitacora/diet.mpg" target="_blank">un ombligo</a><br />
]]></content>
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	<author>
		<name>Peka</name>
	</author>
	<title>la playa</title>
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	<modified>2005-08-26T13:46:03Z</modified>
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	<content type="text/html" mode="escaped" xml:base="http://elrincondelasdesdichas.bitacoras.com/archivos/2005/08/26/la-playa"><![CDATA[Que no es por molestar, ni tampoco por no hacerlo, pero si un sesudo Bretón (de apellido) pudo definir el campo como “un extraño lugar donde los pollos corren vivos”, peores ingenios se me recrean si me inquieren por la playa.<br />
<br />
Y es que en verano, es difícil abstraerse a esa afición yodada tan común en el ser humano. Manías como otras cualesquiera de enterrarse hasta las orejas entre diminutísimos cadáveres de moluscos en salazón y millones de otros restos menos orgánicos.<br />
<br />
Pero si hay que ir, se va. A punta de sombrilla y un “y no te quejes que me tienes podrida” mascullado entre unas encías blanquecinas de puro apretón. Se va, se va.<br />
<br />
<br />
Toma 1<br />
<br />
Ahí vamos, a temprana hora por supuesto, para poder encontrar un sitito donde estirar la toalla, que en teniendo que estar, como las valientes, una elige primera línea de paredón... cerquita del agua. Total, igual da el madrugón, al fin y al cabo no queda otra cosa que tumbarse y dormir el resto de la mañana, ¿no?.<br />
<br />
Pues acá estoy, con la legaña pegada y un sol que empieza a ser de justicia. Cual zahorí buscando el mejor sitio pa estirar el pedazo trapo. Aquí, este es el sitio, cerquita la orilla, da cierto fresquito y así aguantaré más este torrao. Perfecto.<br />
<br />
¡Cachis la mar!, no se pué salir dormida, me olvidé el protector factor 500, me llenaré de ronchones, bué un día es un día y el resto del mes lo pasaré luciendo mis fabulosos eritemas solares. <br />
<br />
Toma 2<br />
<br />
Se llena por momentos. Un grupito de adolescentes te informa de que estás en plena área – y si se puede ir pelín más pa´lla señora. Tú por no morir de un saque de esquina, les haces el favor de arrastrarte unos metrines fuera del campo de juego, quedas mucho más cerca del agua, bué, casi mejor.<br />
<br />
Toma 3<br />
<br />
Se me han plantao dos tipas justito al lado, cincuentonas, morenisimas (asquerosamente morenas a estas alturas del año). Hablan a gritos (¿o es mi resaca?), lo bien que le fue a su hijo Borja en este su tercer año de Derecho en Deusto, claro que ni comparar con lo estupendamente que se colocó la hija de la otra tras finalizar ese MBA en Estados Unidos.<br />
<br />
Visto que ya no voy a poder dormir. Levanto la cabeza y me dedico a contemplar la avifauna que se mueve por los alrededores. Menuos pájaros, menuas cotorras. <br />
<br />
Los adolescentes van por el tercer balonazo, ya no se molestan en pedir perdón; las cotorras se han callado ya, tienen suficiente trabajo con mantener el bronce pegajoso y ese pedazo pamela que me lleva una de ellas (cuán parecida a mi sombrilla, palo incluido).<br />
<br />
Mejor miro para otro lado. ¡Uy! a estos no los vi llegar. Y no será que no trajeron bártulos; sí que han plantao un auténtico campamento. Sombrilla, tumbona, incluso nevera para las cervezas. Él, mas bien bajito, justo de moreno, gafas de sol de imitación y un pedazo cadenón de oropel de esos que venden por metros en la planta baja del Cortinglé  (cómo hará para que no se le enrede en el tupido pecho oso). Por la calidad del peluquín que le corona, diría que es de la especie “pelas matritensis”. De ella, parapetada tras una revista del corazón, solo asoma un raído pelo rubio platino y unas pedazo garras a las que no cabe un anillo más. Eso sí, de vez en cuando mira hacia la orilla... <br />
<br />
– ¡¡Vanessa Noemí, no te puedes mojar aún!!;<br />
- Vanessa Noemí, no te ensucies tanto con la arena. (voz de pito taladra tímpanos).<br />
<br />
El padre (sin perder la compostura) empieza a cabrearse.  Y la madre ...<br />
<br />
– Vanessa Noemí que no te puedes mojar hasta dentro de media hora, salte de ahí.<br />
<br />
Y la Vanessa Nohemí, que si quieres arroz... El padre ya no tiene por menos que intervenir, y sin que el palillo de su boca salga chamuscado con el aguardentoso aviso…<br />
<br />
– Vanezza Noemí, o zalez del agua o ta´rreo una ondia que tarranco la cabesa.<br />
<br />
La madre no mueve un pelo, pasa a la siguiente hoja de la revista sin perder ripio de la última operación en Houston de la folclórica de turno . La niña, cual araña sin patas, está sorda. El malabarista del palillo echa un trago a la tercera cerveza. Las cincuentonas horrorizadas. Los adolescentes no escucharon (creo que fue gol). Yo... alucinada (ya seguro, es un taxista de Madrid).<br />
<br />
Toma 4<br />
<br />
¡Vaya!, no había contado con la marea. Para colmo se me ha mojado la toalla, esta tan estupenda que me trajeron de Portugal. Y más para allá no puedo ir, so pena de meterme entre el partido de futbol  y esa parejita encantadora questá dandole a las palas. Y se me viene a la mente Espronceda …<br />
<br />
“Allá; muevan feroz guerra<br />
ciegos reyes<br />
por un palmo más de tierra;<br />
que yo aquí; tengo por mío<br />
cuanto abarca el mar bravío,<br />
a quien nadie impuso leyes …”. <br />
<br />
Ese debe ser el problema, que nadie impuso leyes y que aquí, por mío, no tengo ni el espacio que abarca mi pajolera toalla.<br />
<br />
Sigo observando a los de las palas, más por precaución que por ánimo de seguir desplumando la avifauna . Ella no atina ni a una pelota, se ve ques noviazgo reciente. Él no ha perdido ni pizca de paciencia (o no lo ha demostrado), el único raquetazo es el de saque, ella ni eso. Una absoluta descordinada, pero “guena está cacho”. Todo se lo va a perdonar el chiguito, con lo que  mola con su nuevo ligue. Y bueno, yo ahora sudo por ti, luego tu sudas por mí.<br />
<br />
¡Otra vez la marea!. Lo dicho, me voy, total no me puedo bañar en/entre semejante mare mágnum, no puedo dormir y para colmo la maldita arena se me remete por todos lados. Bucólico esto del mar. Y eso que hoy me ahorro lo de la paella del chiringuito, me daré cuartelillo con un gazpachito en el apartamento.<br />
<br />
Y, permitiéndome una licencia entre Bretón y Espronceda concluyo que no hay playa sea cualquiera, donde estos y otros pollos parecidos no corran igual de morenos. <br />
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	<author>
		<name>Peka</name>
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	<title>el ricón de las desdichas</title>
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	<content type="text/html" mode="escaped" xml:base="http://elrincondelasdesdichas.bitacoras.com/archivos/2005/07/26/el-ricon-de-las-desdichas"><![CDATA[Allí iba a parar casi todo. Tenia sus habitantes habituales, absurdos, pero ¿dónde si no podían guardarse?; el sable del uniforme de gala - dos días debió de usarse en sus funciones- , la cachava de la abuela – báculo de tobillos y rodilla de toda la familia – y algún que otro cachivache de procedencia y uso desconocido. <br />
<br />
Pero la mayor parte de las cosas que allí se guardaban estaban de paso. La chaquetita de estar por casa, la camiseta que mamá encontró recogiendo y no sabía a qué armario asignarla, el pantalón del chándal de ponerte mañana y que no cabía ya en el perchero de detrás de la puerta del dormitorio...<br />
<br />
Era un hueco en la pared al que no se le dio la categoría de armario. Sabiamente carecía de unas puertas que no hubieran soportado el trantrán de una caterva de críos y no tan críos abriendo y cerrando continuamente a la busca de la prenda perdida o casi cualquier otro objeto fuera de sitio; así que unas sobadas cortinas ocultaban al mundo aquel fascinante maremágnum familiar. <br />
<br />
Era una pequeña oficina de objetos perdidos, taquilla de vestuario, cajón de todo lo viejo y, si se terciaba, zapatero. Sólo el peculiar sentido del humor de mamá podía dar un nombre suficientemente explícito a aquel agujero.<br />
<br />
Contestaba unas mil veces al día: <b>“...en el rincón de las desdichas”.</b>]]></content>
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