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Miércoles, 26 de octubre de 2005


comprarse una sueca

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Soy mala compradora, lo reconozco. Compro por puro impulso, no sé para qué quiero la monigonia, el chismiflín o el catatico, pero se me antoja irremediablemente en cuanto lo veo. No, en el diccionario de la RAE no existe palabra que defina específicamente todos-esos-cachivaches-del-maravilloso-reino-de-lo-inútil.

En esta ocasión, acompañaba en el trance a una sufridora de casa nueva, que contaba sus euros para el mes con los dedos de una mano y requirió de mis servicios y mi paciencia por “caridá questoy sin coche”.

En este post, voy a ahorrarme el relato detallado de cómo una vez te introduces en la boca del Gargatúa sueco, no saldrás por su salvasealaparte sin llevar adherido algún resto. No hay huída posible: el velo del paladar, esófago, el tracto digestivo ... y aguantes o no, pasarás por el esfínter de caja, en el que te envolverán de marrón lo que se te haya quedado pegado.

Lo dicho, no salía a comprar, lo juro, pero eso que nunca requerí y que jamás pensé que existiera, sin saber cómo, pasó del expositor a una bolsa de papel, haciendo escala en mi maltrecha tarjeta de crédito. Después, quizá solo le espere el olvido.

¿Para qué puedo necesitar una Wicke, un Skrud o una Schlager?. Además de ser castellanamente impronunciables, no sabía de su existencia 15 minutos antes, mientras estoicamente aparcaba a kilómetro y medio de mi punto de destino.

La vida da muchas vueltas. Conjeturemos ahora que entre la fecha de la compra y el día que llega la puntual e inevitable información bancaria, la vida a su vez, me da el vuelco final. Imagino a mis deudos especulando sobre qué clase de inmoralidad les evitaba a sus inocentes ojos, qué clase de perversas obscenidades adquiría en mis ratos ociosos... ¿pero qué demonios es un skrud?.

Que puede parecer que no, pero sin ánimo de hacer publicidad de otros grandes almacenes, se me queda más tranquilo el cuerpo cuando veo lo que me manda el cortinglé, bajo el epígrafe de “menaje del hogar...artículo: portavela”. Sí, puede ser que lo comprase, y ¿dónde lo metí?. Puedo preguntar a los habitantes de la casa, de mejor manera, si han visto un portavelas huérfano, que si saben dónde pude perder el skrud que me compré el mes pasado. Es evidente que, cuando cometí el admitido pecado de echarme el artilugio al carro, no le pregunté su nombre propio, pero ¡coñes!, ya que lo pago, podrían facilitarme la traducción en cristiano de lo que en un arrebato de adquisiciofilia transitiva pasó a mi colección de cachivaches inservibles.

Y mis herederos, en el mejor de los peores casos, me lo estrenarían para el velatorio.






Escrito por Peka El 10/26 a las 10:56
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Comentarios


Si pretendía usted que leyeramos, lo consiguió. Si lo que pretendía es que nos arrancarnos alguna sonrisita, se quedó algo corta... fue casi imposible seguir el hilo de semejante relato -- será que una está en el grupo de tontos (aunque usted ya lo sabía y la agradezco que por unos segundos me hiciera creer que no)-- ¡ Ah! y no vaya a creer que una no tiene sentido del humor, es que no le inculcó usted gracia alguna... si jode que joda, es la opinión; empieza a recordarme su actitud ante la vida moderna como el antigualla del Aznar y su sorpresa ante el "estatut"
Se me hace usted mayor...


Comentario de ulke el el 11/04 a las 17:26

Mi pretensión es ninguna, con lo que las posibles consecuciones, me son por demás. Asaz pretencioso pues, sería calificar de “relato” (y aún dice más “gracioso”) lo que no pasa de una serie de cortas opiniones posiblemente desdichadas.

Tampoco pasó por mis pretensiones arrogarme el don de saber quienes deben estar en el grupo de los de sentido del humor, en de los listos o en el de los tontos, si bien veo que, al parecer, sí hay a quien el dedo de la crítica tocóle con viperino acierto.

Continúo, siguiendo el hilo de su relatorio (que ya ve que yo no lo pierdo, posiblemente porque usted se explica mejor), y reconozco casi con sonrojo que ignoro absolutamente la opinión de Aznar sobre el tan manido estatuto (sepa disculpar que me refiera a él sin comillas y con la lengua que me parió). Asumo una total falta de interés por casi cualquier opinión del susodicho personaje, así que entra dentro de la posibilidad que nuestras actitudes ante la vida moderna vayan pareciéndose patéticamente. Y sí, los Alcántara vivían mejor.

Efectivamente me hago vieja, y aunque no sea garantía de que con ello alcance un ápice de madurez, no pierdo la esperanza de que por cada arruga gane una neurona sabia.

Quede usted en paz doña Ulke


Comentario de Peka el el 11/07 a las 12:47

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