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Cuando se habla de regímenes, dietas, planes de adelgazamiento y demás formas de tortura física todo el mundo tiende a desmenuzar sus doctas opiniones y luengas experiencias. De entre todas, las más autorizadas sentencias, parecen ser de aquellas a las que el dedo de dios tocó (creo que en los tuétanos del fémur) y tienen la suerte de gozar de piernas huecas... comen y comen y los garbanzos nunca les hace de flotador por carne alguna. Se les rellenan las médulas, porque no pasan jamás de estar en los purititos huesos.
Con ánimo condescendiente mira allende tus grasas y cual si fuera a pronunciar una de esas inolvidables frases de cine “hijo mío, todo el territorio hasta el horizonte donde se pone el sol, es tuyo” (mío todo él concedo), comienza a desgranar todos sus saberes para que consigas que orto y ocaso no llegue mas allá de tu ombligo.
La dieta de la lenteja, es la panacea, facilísima de llevar si trabajas fuera de casa, nada de dificultadas. Estupendo, me encantan las legumbres, tres días a lentejas los puedo soportar.
Durante tres días, recién levantada de la cama, debes comerte una lenteja ; vaya, no es lo que pensaba, pero al menos parece poco complicado. Apuntas,"una lenteja" y esperas a saber de qué más consta la carta... te dice que además si combinas la lenteja con una crema anticelulítica carísima de la que ya te dirá el nombre, que tienes asegurados al menos 5 kilos en esos tres días. Ahí termina. Perpleja hago la pregunta más estúpida que se me viene a las bilis ¿de qué sabor es la crema? porque el menú del día no parece muy variado... , no le encuentra la gracia y quedo castigada sin postre.
Entre las contertulias, entonces, intentan quitarle hierro al asunto (no, si todavía me dejan la lenteja light). Cada una te cuenta su versión de la dieta de tres días, increscendo. La del guisante, de la alcachofa, la de del melocotón, la del calabacín... (empiezo a perder la atención, espero que la puja llegue por lo menos al melón). Hasta que una de ellas sentencia “hay que comer de t-o-d-o” y la mejor dieta es la del astronauta. ¡Vaya!, esa sí que me parece variada y abundante, tres días a entresijo, criadillas, muslito e higaditos...de astronauta. Furibundas miradas se vuelven hacia mi. ¡Ups! perdonen señoritas, es la hora de comer y no pude resistirme a la carne.
Terminan intercambiándose entre ellas jugosas recetas macrobióticas de verduras hervidas en agua mineral, frutas liofilizadas, legumbres desecadas y demás productos de la industria del terror naturista.
Para entonces, enfrascadas en sus tarros de esencias verdes, parlotean sin prestar ya atención a tu mantecoso ser. Inequívocamente, te han dado por perdida para la causa de las sílfides etéreas.
¿Y que hay de lo de mi ombligo?. Pues parece que el sol te seguirá saliendo por Antequera, que debe quedar hacia tu cartuchera derecha, al mediodía puede que sientas calorcito en el ombligo, y si estás atenta al ocaso, verás los perfiles innegablemente celulíticos de tu trasero.
Algún día, hija mía, te relucirán tan bien los huesos como a cualquier anoréxica ...amén
Apostilla:
Ninguna de ellas hizo jamás un régimen más allá de los 3 días. Después de pasarse un bulímico verano ganaron 600 gramos. Pero ya no me atreví a proponerles la dieta del moco (esos gramos me los quito yo con sonarme los mocos).
Para muestra... un ombligo
Pues no sé....... yo pensaba en dejarle una que es infalible.... pero igual se me enfada usted. :)
Comentario de niebla el el 10/10 a las 16:56
Estimada Niebla: no dudo que hay dietas infalibles. La principal debe ser eso de "adaptación". El otro día, sin ir más lejos oí en la televisión que los corderos de Guadalajara, que "no se morían de hambre si no que no se habian adaptado a la falta de pastos"... Pues eso, que cuando una se está adaptando a no comer, va y la palma. Una lástima
Comentario de Peka el el 10/11 a las 16:08