Cada 26 te espero con unas gotas de limón
Una sátira que no levante ronchas, es una sátira inocua, porque para que cumpla su objetivo tiene que ser polémica. La voluntad de la sátira no es molestar individualmente, pero tampoco es un ejercicio de sutileza diplomática. Suele tomar la parte por el todo e inevitablemente deforma y a veces puede resultar injusta o hiriente.
Mi pretensión es hacer sátira crítica y por tanto, soy receptiva también a toda crítica...


Tomado a Andrés Rábago (El Roto).