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Una
sátira que no levante ronchas, es una sátira inocua, porque
para que cumpla su objetivo tiene que ser polémica. La voluntad
de la sátira no es molestar individualmente, pero tampoco es un
ejercicio de sutileza diplomática. Suele tomar la parte por el
todo e inevitablemente deforma y a veces puede resultar injusta o hiriente.
Mi pretensión es hacer sátira crítica y por tanto,
soy receptiva también a toda crítica...
Tomado
a Andrés Rábago (El Roto). |